85. Estrategia comunitaria de salud y seguridad en el trabajo

La política comunitaria de salud y seguridad en el trabajo para el periodo 2002-2006 tiene como objetivos, entre otros:

  • Reducir el número de accidentes y enfermedades profesionales: El balance de la Unión Europea en este campo es positivo: las cifras muestran que entre 1994 y 1998 la incidencia de los accidentes de trabajo disminuyó en cerca de un 10%. Con todo, las cifras en términos absolutos siguen siendo elevadas: cerca de 5.500 muertes y 4,8 millones de accidentes con resultado de más de tres días de incapacitación laboral.
  • Prevenir los riesgos sociales: El estrés, el acoso en el trabajo, la depresión, la ansiedad y los riesgos asociados a la dependencia del alcohol, las drogas o los medicamentos deberían ser objeto de medidas específicas, enmarcadas en un planteamiento global que asocie a los sistemas sanitarios. Estas enfermedades, consideradas emergentes, son responsables del 18% de los problemas de salud asociados al trabajo.
  • Reforzar la prevención de las enfermedades profesionales: Debería darse prioridad a las enfermedades provocadas por el amianto, la pérdida de capacidad auditiva y los trastornos musculoesqueléticos.

Con esta idea, la Comisión Europea ha presentado una Comunicación que, con el título "Cómo adaptarse a los cambios en la sociedad y en el mundo del trabajo: una nueva estrategia comunitaria de salud y seguridad (2002-2006)", contiene aspectos muy importantes desde el punto de vista sanitario.

En esta nueva estrategia la Comisión se propone adoptar un enfoque global del bienestar en el trabajo, teniendo en cuenta los cambios del mundo laboral y la emergencia de nuevos riesgos (especialmente de carácter psicosocial). Su objetivo es mejorar la calidad del trabajo, uno de cuyos componentes esenciales es un entorno laboral sano y seguro.

La estrategia se basa en la consolidación de una cultura de prevención del riesgo (incluidos los riesgos psicológicos y sociales como el estrés, el acoso, la depresión o el alcoholismo); en la combinación de una variedad de instrumentos políticos, como el diálogo social o la responsabilidad social de las empresas; y en la constitución de asociaciones de cooperación entre todos los agentes del ámbito de la salud y la seguridad. De esta manera, demuestra que una política social ambiciosa es un factor de competitividad y que, por el contrario, los costes que genera la falta de intervención política suponen una pesada carga para las economías y las sociedades.